lunes, 15 de julio de 2019

UN PASEO HISTÓRICO Y LITERARIO HACIA EL DUERO. JORNADA SEGUNDA.


                                                   Subido de YouTube  por gentileza de Total Baroque

      Te aconsejo que pinches aquí para escuchar de fondo mientras lees esta entrada.

    
              Con los primeros gorjeos de los pájaros más madrugadores y la primera luz matinal justo antes de salir el sol, me despierto. Hace algo de frío y me pongo la cazadora tiritando levemente.

             Doy un último paseo por el pueblo y me acerco al cementerio que está a unos cien metros enfrente de mí en una colina invadida de vegetación salvaje. Es chiquito como una pequeña habitación sin techo y sólo quedan dos lápidas de cemento y algunos huecos semienterrados en el suelo. Seguramente los familiares de los últimos finados se los fueron llevando a otro cementerio para no dejarlos en el olvido. Digamos que Marta y Anselmo son los únicos restos, o al menos sus losas de cemento. Seguramente eran un matrimonio. Él, muerto a los 49; ella a los 55; los dos en la década de los cincuenta del siglo pasado. ¡Descansad en paz!

              Gracias al inestimable blog de Faustino Calderón: "Pueblos Deshabitados", en el que aparecen multitud de poblaciones de casi todas partes de nuestro país, he dado con el pueblo comparando datos geográficos y fotos. Al parecer quedó deshabitado a mediados de los años setenta, por falta de agua y de luz eléctrica. El agua había que traerla en mulas desde una fuente del cerro próximo distante media hora por caminos malos. Poco futuro había para el pueblo de Matas.




              Camino de la ciudad arévaca y después tardorromana de Tiermes, paso por la antigua ciudad de Atienza con su fortaleza militar de origen musulmán oteando desafiante el panorama. Atienza, la de las "cien" iglesias, reconquistada duramente y con una serie de muestras que van del románico al renacimiento que el viajero no puede dejar de visitar, es la puerta de entrada hacia los dominios del alto Duero.




             Pasada Atienza, subimos por una carretera con un entorno precioso que nos lleva al Alto de la Carrascosa....




                  Y siguiendo y siguiendo llegamos por fin a Tiermes. Es temprano y cerca del centro de interpretación hay un hotel en el que pido un café y paso al baño a asearme lo que puedo. A las 10 abren el museo y estoy ahí clavado. Me abren la puerta un hombre de mi quinta o algo mayor y un chaval joven, los dos encantadores. Empezamos a hablar de Historia, del paso cíclico del tiempo en la sociedad, de filosofía y de más cosas. Cándido tiene barba y un aspecto entre intelectual y un poco hippye  y Rubén parece más formal que nosotros dos que hablamos fuerte y reímos mucho. 

     Con Cándido y Rubén, guías y protectores de Tiermes.

            Cándido es filósofo, nació por los picos de Urbión, estudió en la Complutense y, por azares de la vida vino a parar a trabajar aquí al museo. Es apasionado en lo que habla y está muy convencido de lo que piensa. Me gusta la gente como él, valiente, que no teme hacer conjeturas, por que está de vuelta ya de todo.

              Rubén parece más tímido. Me habla de Vd en señal de respeto por ser mayor que él. Es sensible y amable. Se ofrece a acompañarme dando un paseo hasta el yacimiento que está a unos 800 metros bajo el tórrido sol de julio. Durante el paseo me va explicando cosas interesantes del yacimiento. Me confiesa con humildad que Cándido sabe más que él de todo esto. Rubén es de Soria y va y viene a diario por éstas carreteras de Dios. No se cansa de los viajes, se nota que es joven. Yo le hablo con pasión de Soria que para mí ha sido siempre una ciudad muy querida y me la conozco bien. Me siento soriano hablando con él.


        Cuando entro al museo, veo varios paneles explicativos y vitrinas con parte del material encontrado en las excavaciones  (menaje, armas, joyas).


                                             Detalles del material encontrado en las excavaciones.


     Entre las armas tipo puñal o espada corta, los iberos usaban la falcata, un arma terrible para los romanos que tenía    
     forma arqueada y unos huecos redondos en el filo que podían arrancar un miembro de cuajo causando unos terribles
     sufrimientos a sus víctimas.

              Después disfruto un interesante documental narrado en primera persona por un supuesto habitante de Tiermes a través del tiempo. Y por último, lo más interesante, la visita al yacimiento, que es enorme y tiene restos de los pobladores arévacos y principalmente romanos.



           La ciudad arévaca (pobladores iberos de ésta comarca soriana) de Tiermes, fue saqueada y conquistada por Tito Didio, procónsul de la Hispania Citerior, en el siglo I a.d.C. Creó moneda propia para  la ciudad de Termes.




      Situación de Tiermes en el mapa.

                 

     Razas anterromanas

              Ésta ciudad poseía riquezas minerales, abundante agua y buenas tierras de cultivo y estaba emplazada en una situación muy ventajosa en plena Hispania Citerior por lo que llegó a ser muy próspera. Poseía un enorme acueducto del que quedan en pie unos 140 metros.


                                                   Restos del acueducto.


              Tenía un teatro o anfiteatro del que quedan las gradas excavadas en plena roca arenisca y un foso adosado que está hundido en su interior.

  

    
      Gradas con el río al lado

            Sentado en las gradas profusamente talladas y algo desgastadas con el paso de los siglos, siento una emoción difícil de explicar.



   
           Además tenía varios barrios, unos pobres, con bloques de viviendas y también tenía lujosas villas romanas con jardín. 
          De la época arévaca quedan cuevas y huecos adosados a las paredes de arenisca, donde se apoyaban las cubiertas del techo a modo de tejados.

          Viviendas arévacas en Tiermes




            También he visto alguna cueva que ha debido de usarse como eremitorio en la época visigoda, a juzgar por el enorme parecido con los eremitorios rupestres que he visto en el norte de Palencia y de Burgos:


     ¿Pudo ser un eremitorio rupestre? Sí lo parece.



       Barrio de Tiermes.

         
                Pasado el tiempo y llegados a la época que nos ocupa de las disputas entre moros y cristianos de los siglos XI al XIII, quedo impresionado por la maravillosa iglesia románica de Santa María de Tiermes. Solitaria, presidiendo el conjunto arcaico de pedruscos rojos de otras épocas milenarias, Santa María parece reposar dulce y animosa bajo el intenso sol de Julio.



Sta María de Tiermes, desde la espadaña.

Músico tocando el rabel. Detalle de un canecillo de Santa María



Impresionante ábside de Santa María de Tiermes.



Tumba medieval tallada en piedra junto a Santa María.

             Va pasando la mañana y se acerca la hora de comer. Por éstos pueblos perdidos, encontrar un sitio donde te den de comer es casi una aventura. Así que me despido de mis nuevos amigos como si nos conociésemos de siempre y sigo rumbo a Caracena, porque quiero disfrutar de su soledad, de su recoleta iglesia románica de San Pedro y de su castillo de origen musulmán. De camino intentaré arreglar el tema gastronómico.
            Yendo a Caracena paso por el pequeño pueblecito de Pedro, después de subir un puerto por una angosta y apartada carretera. Tiene una ermita que no se sabe si es visigoda del siglo VII o ya del primer románico, porque ha tenido muchos cambios. Pero es solemne y hermosa.
Lateral porticado de la supuesta iglesia visigoda de Pedro

               Varios Pedro hubo partícipes de la Historia de ésta zona hoy medio deshabitada: Un tal señorío de Pedro Ruiz de Villegas, caballero de la Orden de La Banda y Adelantado Mayor de Castilla y señor de Castillo Pedroso,  también don Pedro de Luna, arzobispo de Toledo, que sometió la comarca de Caracena y, el rey don Pedro I de Castilla,  los tres a mediados del siglo XIV. 

Puerta ¿¿¿visigoda??? de la iglesia de Pedro. Un arco simple de medio punto con una imitación en la base al de herradura.


           -¿La iglesia?- Me pregunta Manuel como acostumbrado a que todo el mundo llegue hasta aquí para verla. El hombre se levanta de la pequeña terraza del bar donde conversaba animado con otro colega y viene a la par de Babieca. Me señala una sombra junto a la pared, por la calle que debo seguir.

       -Es un recorrido muy chulo, entras por aquí, ves la ermita y  luego haces una U para subir por el lado del río junto a la cascada. Te va a gustar.

         Se lo agradezco, pero sin darle importancia me invita a tomar una cerveza.
 -Es que tengo que buscar donde comer, en otra ocasión.

         Entonces amablemente me indica un restaurante en el cercano Montejo de Tiermes: La Venta.

          ¿Cómo podría llamar yo a alguien que cuando voy a comer me  dice que está ella sola y no me puede atender? Miro extrañado y veo sólo dos hombres comiendo en sendas mesas y le digo que voy solo.

- Lo siento

                                           -Gracias- (y mientras vuelvo a salir, me callo lo que pienso, por educación). 

          En ésta zona casi deshabitada de Soria no tienes muchos  sitios donde comer y los pueblos son chicos y alejados entre sí.  Eran las dos y cuarto y Retortillo no estaba muy cerca. Pero allí comí atendido por la amabilidad de los dueños de un restaurante de aspecto lujoso, con un pequeño jardín. Comida sencilla y casera. Gracias, dueños del Restaurante La Muralla de Retortillo de Soria. Aunque os costó trabajo, os arrancásteis a dar de comer en condiciones a éste viajero hambriento y deshidratado bajo el medio día de Julio en Castilla.


Perspectiva de San Pedro de Caracena con la Sierra de Pela al fondo.

       Caracena es soberbia. Asentada en cuesta en un elevado promontorio sobre el cañón que protege el río, emite radiaciones medievales por doquier. Subiendo lo alto de la cuesta, arriba del todo está San Pedro y seiscientos metros más allá, coronando el cerro, el castillo musulmán del siglo XII, reformado tras la reconquista varias veces hasta el siglo XV.

Frontal porticado de la iglesia de san Pedro de Caracena


              Al acercarme al pórtico, ¡cuánto me recuerdan las columnas torcidas y los capiteles a los de Santo Domingo de Silos!   Y es que en épocas remotas cuando las únicas comunicaciones eran las señales visuales de humo, de vidrios reflectantes, los caminos, los caballos o nuestras piernas caminando o corriendo, las tendencias también iban y venían, a menos velocidad que los gigas, pero ahí estaban. No hemos descubierto nada nuevo, sólo hemos avanzado en comodidad.


               Uno de mis grandes placeres del viaje es poder disfrutar sin prisas de la estancia en éstos maravillosos pórticos que miran callados al horizonte, pero saben, porque han vivido muchas historias....

        Después de un buen rato disfrutando del entorno leo con curiosidad los paneles informativos. Fue Caracena muy disputada cabeza de partido de toda la comarca. Ya cristiana, tuvo su casa hospital de acogida de peregrinos que pasaban por éste ramal a Santiago.


               Ya repuestos de la calorada, subimos al castillo, que está guarnecido por la cresta natural de piedra del cerro y sobre ésta se añadieron lienzos de muralla y almenas.


La panorámica del castillo en ruinas todavía impresiona mucho.


           Camino de Gormaz, junto a cuyo castillo quiero ir a dormir ésta noche, paramos en San Esteban de Gormaz, porque quiero ver una vez más Ntra Señora del Rivero y sobre todo San Miguel.


                De una belleza demasiado ecléctica para mi gusto, la del Rivero, impresiona por su vetusta altivez sobre la colina de un barrio de San Esteban, asomándose firme hacia el resto de las casas.
        Me gusta que las galerías porticadas de éste tipo de iglesias sean solemnes, pero a la vez humildes y sencillas y que miren al horizonte, pero de esto último la culpa la tiene el pueblo por haber crecido a sus pies, quizá buscando su sagrada protección.

Iglesia románica de San Miguel en San Esteban de Gormaz

        Callejeando con Babieca llegamos enseguida a la de San Miguel, en el mismo barrio. Ésta me llega más al corazón, la noto más mundana, más terrenal.


             Los cables de la luz delante de todos los monumentos históricos visitables a lo largo del país, forman siempre parte del paisaje y paisanaje cultural más nuestro. España es así. ¡Olé!

              Como siempre, se hace tarde y salgo de San Esteban rumbo a Gormaz, pero antes subiré al poblado ibero arévaco de Uxama que está en el monte que domina a la episcopal Osma.

       Fue la batalla de Osma decisiva para que  el conde Fernán González y Ramiro II El Grande rey de León, expulsaran de éstos dominios a las huestes de Abderramán III. Debió de ser sangrienta la batalla, al encontrarse ambos ejércitos árabe y cristiano dentro del cañón del río, entre las paredes de dos grandes cerros.

              Ramiro El Monje fue otro personaje que nada tiene que ver con el anterior Ramiro. También fue rey, pero de Aragón y a ambos les separan casi dos siglos y distintas circunstancias. Tiene una interesante historia que puedes leer aquí: 


Situación geográfica de Uxama en época tardorromana.

         La arévaca Uxama, conquistada por los romanos en el siglo I a. de C. llegó a ser diócesis ya en el siglo VI dependiente del reino visigodo de Toledo. Hubo algunas migraciones hacia abajo del monte, junto al Duero y se fortificó con un antiquísimo castillo el cerro de la orilla opuesta.
Este cerdito de bronce es un hito representativo de la cultura arévaca de éste poblado de Uxama.

         El centro de interpretación de la ciudad de Uxama es pequeñito, pero dispone de toda la información necesaria sobre el poblado.

           No sé si está abierto. Empujo la puerta y enseguida me recibe Piedad, la responsable del recinto. No me cobra la entrada y me da un montón de explicaciones. Sin darnos cuenta entramos en un diálogo ininterrumpido sobre la época celtíbera de la comarca en el que yo tengo más que aprender que ella. Es una  guapa arévaca que habla de éstos iberos tan orgullosa como si fueran sus abuelos.

         Es que la Historia nunca es algo muerto. La Historia nos habla muchas cosas de nuestro presente, de nuestra raza, de nuestra vida. Entiendo tu pasión, Piedad.


             Me explica Piedad como seguir el camino para ir viendo las cisternas romanas, los restos de poblado y por último la atalaya sobre el Duero.


Durante el trayecto hay varios paneles explicativos.


            Y por fin llego a la atalaya sobre el Duero. Enfrente, la fortaleza de Osma.



                Justo debajo están los restos de lo que pudo ser parte de un cuartel romano.


           Me ha indicado Piedad un hotelito ahí abajo en Osma que es su pueblo, La Dehesa se llama y lo lleva una conocida suya. Tiene que estar bien, no lo dudo, pero ésta vez mi hotel es de mil estrellas junto a las murallas del castillo de Gormaz. 

        Bajando con Babieca el camino que va de Uxama hacia la carretera, me encuentro nuevamente con ella, que sube paseando hacia la atalaya. Me ha dicho que le gusta ir todas las tardes y que siempre encuentra restos de cerámica ibera por el suelo.

¡Au revoir, Piedad!

                 Mientras bordeo el río por la carretera que sale desde Osma hacia Gormaz, voy pensando muchas cosas, que se resumen en una: el paso del tiempo, el paso de la vida, de nuestras vidas, generación por generación durante siglos y miles de años. Duramos menos que un átomo incandescente en el Universo. Lo que para nosotros es una vida entera, en el Universo no es nada. Y según nos acercamos a la nada, a la muerte, según nos hacemos mayores, la vida pasa más y más rápida. 

                 Y todas éstas batallas, éstas conquistas, ¿Por qué? ¿Para qué? Si el mundo seguirá siempre su ley universal, la Tierra rotará siempre y seguirá siempre su baile lento alrededor del sol y la luna...…


           ….En poco tiempo divisamos el castillo con el recinto torreado mayor de Europa. Y debajo, pequeño, manso, apacible, el pueblo de Gormaz, ambos controlando el Duero.

              Poco a poco me voy acercando con Babieca, no tengo prisa, me gusta verlo en  distintas perspectivas.


             Poco a poco vamos subiendo desde Gormaz, hasta llegar a su muralla.


               Llegamos con los últimos rayos de sol dorando las piedras.



Me asomo a las extensas murallas exteriores.


                   Éste castillo fue residencia y centro de operaciones de Almanzor. Para él debió de ser éste algo muy querido.  Aquí organizó, pactó, preparó batallas, lloró, se emborrachó, rió, se cabreó... Ésta fortaleza tiene alma, se nota en cuanto te acercas.

Parte del gigantesco patio de armas del castillo, al anochecer.


              Asegurada la zona de Andalucía, la Castilla central desde Toledo y la frontera soriana hacia Aragón, Almanzor se sentía fuerte y seguro y soñaba con conquistar el territorio franco. 

           Sería sólo una quimera, porque el viejo caudillo sesentón estaba ya muy enfermo y cansado de tanto batallar durante su vida. "En Calatañazor, Almanzor perdió el tambor", significa que perdió la fuerza necesaria para seguir sus conquistas, significa que tomó conciencia de su deterioro y próximo final. No pasó mucho tiempo para que uno de sus hijos lo enterrase en algún lugar de Medinaceli.


                 Éste es el arco califal por el que entraban a caballo. El acceso exterior era un camino de tierra y piedra que se ha ido desmoronando con el paso del tiempo.


              La noche va cayendo solemne como un telón que se cierne sobre el maravilloso escenario de Gormaz. El paisaje dorado se oscurece y se encienden las primeras luces del pueblo. Voy preparando el campamento donde voy a pernoctar. Es todo un lujo.

             Hoy ha sido un día lleno de vivencias que me siguen haciendo meditar sobre el todo y la nada. Y he llegado a la decisión de que yo soy ahora y lo demás no existe.

   


Poco a poco la luz se va despidiendo del día, que también se va.


               Ya es de noche. Pensando en Almanzor, que parece que nació en el castillo del pueblo granadino de Turrush (Fuentes de Cesna/ Algarinejo) aunque según otras teorías nació en Algeciras y según otras basadas en la fonética era de Torrox, yo me quedo con la primera, porque es el nombre que sigue existiendo hoy día.

           Estoy cansado, pero no puedo dejar de pensar en el paso del tiempo, no sólo a nivel general, sino aplicado también a mi vida.

    Hoy han sido muchas las vivencias emocionales, mucho reencuentro histórico con mis antepasados lejanos de hace más de mil años y eso es algo muy grande.

        Pensando todas estas cosas, con la noche en calma, con el lejano susurro de las ya tenues voces de los niños que juegan en la plaza del pueblo, a media legua de aquí, voy poco a poco empezando a soñar...…...

UN PASEO HISTÓRICO Y LITERARIO HACIA EL DUERO. JORNADA PRIMERA.



INSTRUCCIONES DE USO:

           Éstas entradas no son una guía histórica de viaje, sino literaria. En ella meditamos sobre el paso del tiempo a través de la Historia, utilizando argumentos literarios, que pueden ajustarse o no a la realidad histórica constatada. Eso no quiere decir que grosso modo los argumentos históricos de los que aquí hablamos no sean plenamente coincidentes al fin último de los hechos descritos.                  
   Resumiendo, esta entrada no está escrita por un erudito ni para eruditos de la Historia, que tampoco se sabe a ciencia cierta si aciertan en todas sus hipótesis, sino que te la dedico a ti, amig@ lector@, que sabes apreciar las bonitas historias del paso de los tiempos. Si no eres persona amante de las conjeturas literarias, te invito cortésmente a que no sigas perdiendo tu tiempo leyendo más de aquí. Y si por el contrario tu temperamento es abierto a la magia de las cosas, te animo a que te tomes algunos ratitos de relax para seguir leyendo....
Te recomiendo que antes de empezar la lectura de ésta entrada, pinches en el siguiente enlace de YouTube para que te ambiente ésta música de fondo:

Vídeo  subido a YouTube por gentileza de saxJASF13



 PRIMERA JORNADA


          Hace ya más de un año que un enorme socavón se interpuso en mi camino y me ha llevado tiempo pasarlo para seguir mi ruta, pero al final sigo caminando hacia el paisaje a través del tiempo. Leyendo a mis filósofos y poetas más queridos y meditando sobre el paso del tiempo, de las generaciones, de los acontecimientos y comparando diferentes épocas superpuestas entre sí, he llegado a la conclusión de siempre: que el Mundo siempre es el mismo y que sólo cambian algunas circunstancias.   
       
              El poder, la política, la ambición, las buenas y las malas rachas, todo es cíclico como las estaciones, con pequeñas diferencias que nosotros vemos enormes y eso nos despista haciéndonos creer que nuestro momento es único y...……. ¡No! Ya todo está inventado.

         Esto es lo que ocurre cuando analizamos la Historia de nuestros pueblos. Primero unos, que son invadidos por otros con mayor o menor suerte y duración, después éstos serán dominados por otros  y así sucesivamente. Un cambio de poderes y sus consecuencias es lo que llamamos Historia. No hay inercia, sólo movimiento continuo.

      Éstos y otros pensamientos similares fueron los que me impulsaron a  hacer un pequeño viaje que forma parte de lo que tengo proyectado desde hace mucho tiempo. 

           Mi interés principal es recorrer el corazón de Iberia, que es la España central donde se establecieron los primeros pueblos más belicosos y fueron sucediéndose diversas conquistas y culturas.

        Con ello sólo puedo constatar la nietzscheana ley del eterno retorno, a la vez que disfruto un camino entre paisajes de tiempos remotos.

          Saliendo por tierras de la Castilla conquense que fueron reconquistadas por Alfonso VI el del Cantar del Cid, tomadas nuevamente por los moros y recuperadas definitivamente  para Castilla por las huestes de Alfonso el VIII, quiero subir a la que fue línea fronteriza del Duero entre Castilla y Al Andalus y rememorar la doble vertiente mora y castellana de nuestra Historia, entre castros, atalayas, iglesias y castillos. 

           Quiero hablar con las gentes que siguen sobreviviendo en los diminutos pueblos ubicados en medio de la nada y acaso preguntarles de algún modo, por qué siguen allí. Quizá tenga que aprender mucho de esas personas, así como de sus predecesores, no lo dudo.

        Una  mañana cálida de julio, temprano aún, con Babieca cargada con lo imprescindible para el viaje y la acampada, salgo para unos pocos días camino del Duero. 

      Voy a recorrer en parte la línea histórica que marcará importantes fronteras entre el Tajo y el Duero, ruta cargada de Historia, de la Intrahistoria unamuniana que jamás te cuentan los libros de texto. Voy dispuesto a restaurar con conjeturas los huecos vacíos que los sabios no se atreven a rellenar por miedo a ser criticados por sus colegas.


            Saliendo por Cuenca hacia el norte, en las estribaciones de la sierra, llegamos a Priego. No me he leído su historia, pero sus edificios más notables me hablan de tres épocas: Una musulmana, cuya fortificación nos mira desde una ruinosa atalaya, otra bajomedieval con una iglesia del último estilo gótico y otra época "moderna" renacentista, que es el palacio que hay en la plaza:  Palacio de los Condes de Priego, reza un cartel sobre esa mansión de caciques que no me interesa demasiado. 

        Siguiendo por la sierra rumbo al norte, entre arcaicos paisajes solitarios, llegamos al precioso pueblo de Zaorejas. Estamos en la provincia de Guadalajara. Recuerdo haber pasado hace ya decenas de años por una carretera provincial y ver ese nombre en un cartel de desvío. Pero hoy la voy a visitar sin prisas. Y me voy a sorprender mucho.

      Lo primero que me encuentro es la iglesia de primitiva planta base románica con su sobria y airosa torre gris y los altivos contrafuertes de la fachada. Algo me atrae en especial. Y es que huele a Edad Media aún en el ambiente.



       A éstas horas el calor empieza ya a agobiar un poco y apetece comer. Pero la curiosidad es una mala virtud o un gran vicio y antes de buscar un sitio, no puedo evitar adentrarme en el pueblo.


   En una esquina de la plaza renacentista de ésta hermosa población hay un hombre mayor, muy mayor, que me hace un gesto con la mano.

            Vamos a llamarle Ceferino y  en ésta foto le sacamos de lejos por respetar su intimidad. Muy amable, Ceferino me hace parar con un gesto. Apago el motor de Babieca para escucharle:

         -Por esa calle de allí llegarás al mirador y al acueducto árabe- me dice nada más parar la moto.

-¿De donde vienes?

        Ceferino es un hombre hablador y de talante simpático. De aspecto algo enfermizo, me dice que tiene 93 años y que hay más gente longeva en el pueblo. Me cuenta que de pequeño iban en pandilla a jugar al paraje de la fuente, muy cerca del acueducto romano.

         Me gusta hablar con la gente mayor, son maestros de vida. Pero el hambre acucia y si me entretengo no voy a llegar a comer.  

          -¿Sabe Vd. dónde puedo comer sin gastarme muchos cuartos?

     Ceferino me indica el restaurante del hotel rural que hay a la entrada del pueblo, cruzando la carretera. Le insinúo discretamente que a lo mejor nos vemos luego, porque pienso visitar los sitios que me ha aconsejado. Y me dice que sí, que ahí estará tomando el aire de la plaza, allí a la sombra no se está nada mal.

           El Hotel Peñarrubia tiene un restaurante muy acogedor con un gran ventanal que se asoma a la sierra. El hombre que me atiende parece ser el dueño y es muy amable. Como fantásticamente cocina casera y no es caro. 

         Y como le advertí a Ceferino, sin demorarme, bajo con Babieca nuevamente hasta la plaza donde sigue sentado como una estatua. Apenas bajo de la moto y me acerco a hablar con él, cuando se acerca otro anciano de aspecto más joven.

        - Es mi hermano, es más joven que yo.- sí,  aparenta no más de ochenta años, pienso yo.
-Tiene dos años menos que yo.

        Me quedo estupefacto. Aquél hermano estaba más rollizo y su aspecto era mucho más joven y sano. ¡Y prácticamente tenían la misma edad!

-Vds son una generación dura- les digo.
-Dura no; que hemos pasado mucho. 

      Me cuentan que nacieron en Francia porque sus padres emigraron en los años veinte. Y yo creía que la pobreza grande fue a partir de la Guerra Civil. Pues no, parece  ser que en España siempre han existido gobernantes sinvergüenzas que han empobrecido el país a costa de hacer dinero unos pocos. Una vez más veo que todo es cíclico, o ha pasado ya o volverá a pasar y eso produce una sensación extraña, entre miedo y calma.

       -En la Guerra mataron a un hombre y lo enterraron debajo del arco del acueducto con una mano fuera. Me acuerdo de seguir viendo esa mano mucho tiempo después cuando íbamos allí a jugar de chiquillos- me explica Ceferino. 

         Me despido de ellos y bajo caminando hacia el acueducto. El campo tiene aquí un aroma especial, tamizado por el olor seco del verano.

        Lo primero que me encuentro saliendo del pueblo por la esquina opuesta de la plaza, es un precioso mirador hacia la sierra:
      El mirador está hecho de palos unidos de una manera muy rústica con cuerdas. Es original. Seguramente por aquí subió Almanzor con sus huestes camino de los páramos sorianos, a establecer la frontera del Duero. Y cabalgó más tarde el Campeador camino del destierro. Quizá simplemente ha sido éste paisaje pasto de la Trashumancia merina, o todo a la vez...

        Sigo el camino que va descendiendo hacia el río, un río que ya está casi olvidado de Dios.

         Cerca  hay una antigua fuente que fue arreglada en los años cincuenta para el disfrute de los paisanos que iban allí a pasar un día de campo.


   
         Siguiendo un poco más el camino, llegamos al acueducto:



       Parece ser que lo construyeron los moros para cruzar el agua por el valle para que llegase al pueblo y también a los huertos. Pero el tipo de arco desconcierta, además la piedra pequeña y compacta que forma el muro no es la típica construcción de cal y canto (argamasa y piedra) árabe. No sé que pensar, pero me dejo llevar por el encanto del paraje, la luz de la tarde y el silencio del lugar.....

        Hay que seguir camino, así que volvemos hacia el pueblo.
 A la entrada, casi pegado al mirador, hay una exposición etnológica, una especie de museo al aire libre de aparejos y utensilios de antaño y hogaño:



        Curioso y hecho con cariño, hay mucho más...

       Pero la tarde avanza y tenemos por hacer mucho camino. Nos despedimos amablemente de Ceferino, que sigue sentado en el mismo rincón, impertérrito como una piedra milenaria. 

      Me gustaría volverle a ver señor Ceferino. Quizás en otra vida, estoy seguro. ¿Se acordará Vd del viajero de la moto verde?

      Seguimos camino del antiguo Monasterio cisterciense de Buenafuente de Sistal, también conocido como de La Madre de Dios, que está tras varios kilómetros de tortuosas carreteras de firme roto por los años y por el abandono de la Administración, en un paraje encantado de cuento medieval.



        Camino al Monasterio de Buenafuente de Sistal

        El Monasterio de origen románico, se creó como centro de repoblación y ha tenido una historia muy caprichosa. Dos veces se repobló con monjas y dos veces fueron echadas y depuestas. Dicen que la fuente es sagrada. Hoy día queda una pequeña fuentecita en un pequeño jardín junto a la iglesia.


      Pequeña fuente junto a la iglesia.


     Panorámica del Monasterio de Buenafuente de Sistal.

   
Detalle de la portada románica.

Detalle de contrafuertes y arquivoltas de las ventanas.

Paseo por el Monasterio de Buenafuente de Sistal.

Calle en el Monasterio de Buenafuente de Sistal

          En éste lugar acogen a quien desea tener una temporada de paz interior, olvidándose del mundo y a quien desea meditar, seas religioso o laico. Eso sí, tienes que colaborar en todas las tareas en la comunidad religiosa, como la lavandería, la cocina, el cuidado de la huerta y los jardines...… y ¡Cómo no! también compartiendo la oración. A cambio, nada más que la voluntad te piden las religiosas. Puede ser interesante, siempre que uno no sea un caminante. Y ese es nuestro caso.

        En un extremo del exterior del Monasterio hay un sendero natural que no pertenece a éste y es el camino del Tajo, marcado como GR 113. Durante los primeros cientos de metros las monjitas han hecho un via crucis señalizado, el resto ya es sierra libre, campo abierto dominando el Tajo, el extremo sur de esa franja histórica de hazañas, sangre, conquista y repoblación.

Camino natural del Tajo, que sale junto a la cruz de piedra.

Detalle de la muralla defensiva del Monasterio, con restos de una atalaya defensiva.

   Dejamos atrás el Monasterio para seguir camino de la Historia, por una preciosa carretera en medio de la nada:


    Siguiendo adelante, divisamos un alto cerro coronado por una cresta de roca caliza y entre medias algo que parece una iglesia románica. Nos acercamos al pueblecito, subimos a lo alto de la peña y ahí está la pequeña iglesia de San Miguel:


         Estamos en Padilla del Ducado. Se ve que otro duque, es decir, otro cacique debió heredar éstos parajes. No me importa qué duque es, porque sé que es posterior a lo que voy buscando, que es la España que jugaba a ser Castilla o a ser Al Andalus, en una época muy crítica de la Edad Media. 

     Y ¿Por qué tanta iglesia románica es bautizada como San Miguel? Pues porque San Miguel representa la victoria cristiana ante el musulmán, según la incultura medieval popular cristiana. Y es gracioso, pero el cristiano medieval ignoraba que los musulmanes creían en el arcángel San Miguel, como un protector de la religión para el pueblo.

          Cosa parecida sucede con Santiago Matamoros, figura creada para animar al ejército cristiano en las batallas contra el musulmán, haciendo creer al inculto paisano de la época que un ser sobrenatural reencarnado del Apóstol Santiago, bajaba del cielo espada en mano y a caballo, degollando moros como una furia.

       ¡Pobre apóstol Santiago! En fín, patrañas para manejar a la masa inculta de la época medieval, en la que toda superstición era igual de creíble que cualquier realidad tangible.

Ábside y cementerio anexo de San Miguel en Padilla del Ducado.


Iglesia y recinto exterior.


Babieca ante las vistas desde la Iglesia de San Miguel de Padilla del Ducado.


       Seguimos camino. Al llegar junto al desvío de Luzaga, no podemos evitar adentrarnos en el pueblo. Luzaga es un lugar de repoblación una vez fue reconquistada la zona por las tropas cristianas. Se les ofreció casa y terreno de cultivo a los navarros que quisieran venir a vivir a éste lugar. Y aquí, en un pequeño rincón castellano que parece un trocito de la Navarra verde, con un frondoso río que por entonces regaría buenas huertas, se establecieron varias familias hace ya mil años.

Luzaga, un trocito de Navarra en el corazón de Castilla.

   Allí donde hay una iglesia románica, hay un núcleo de repoblación cristiana, un pedacito de terreno arrebatado hace unos mil años a los moros. La pequeña iglesia románica representa a un núcleo de población venida de lejos para afianzar los territorios quitados a los musulmanes. A éstos nuevos habitantes se les cedía casa y tierra, derechos y al principio estaban exentos de impuestos.

    Para todas éstas gentes se abría una nueva vida cargada de expectativas e ilusiones. La iglesia les daban confianza en el terruño y los castillos, torres y fortalezas les brindaban protección, pero según proliferaban éstos, los habitantes perdían libertades y derechos, ya que se debían a un señor.

       La tarde cae cuando pasamos por Alcolea del Pinar. Siempre había pasado por la fría autovía, pero cuando llegas por carreteras secundarias, Alcolea deja de ser una vía de servicio para mostrar lo que realmente es: una bonita villa renacentista.

     Paseando por las calles a la espalda de la iglesia, descubro una original exposición en las fachadas de algunos edificios. Son de un estilo ecléctico, actuales, pero algunas me recuerdan mucho a las esculturas y canecillos románicos. Me gustan mucho:









¿Un extraño pájaro? Extraño, inquietante....



Precioso mensaje con palabras y figuras.



Neomedieval total. Parece un bicho sacado de una gárgola gótica.



Original. Me siento torpe para descifrar el mensaje.



         Movido por la curiosidad, he descubierto que Máximo Rojo era un artista profano que se auto descubrió a partir de jubilarse.

        Procedente de una pequeña aldea, llegó mozo a Alcolea donde casó con Carmen Ciruelos. En su pueblo fue pastor, después se hizo agricultor en Alcolea y dicen que construyo él mismo su casa. Fue un hombre sencillo. Un hombre de esa dura generación nacida a principios del siglo pasado, que tuvieron que ir a la guerra a la fuerza y donde tocase.

Estoy realmente impresionado. Maravilloso arte.




     Un gran artista Máximo, que habla con sus figuras, sé que cuenta historias y quisiera descifrarlas. Me han dicho que en la casa hay un jardín con más de trescientas obras  de  su arte.






Tarjeta de presentación. queda pendiente una visita con calma.

          Tengo pendiente una visita con más tiempo. Pero me temo que su casa museo parece abandonada. Espero equivocarme, porque sería un error absoluto del Ayuntamiento no valorar la obra de éste gran hombre, de un artista de verdad, sin estudios, pero con una obra de artista con mayúsculas.

       La tarde va cayendo camino de Sigüenza. Quiero parar una vez más de tantas en la plaza, frente a la catedral. Me siento en una terraza, a escuchar pasar la tarde, las golondrinas chillando contentas mientras sobrevuelan de lado a lado, el rumor suave de conversaciones mezcladas de las terrazas de los bares, niños que juegan...

      Huele a verano en Sigüenza. Y la arenisca roja de sus vetustos edificios dan un ambiente de dorado estío al atardecer.


Sigüenza, la ciudad altiva, del cardenal Mendoza.



        El sol está ya bostezando y aún no sé donde voy a pasar la noche. Babieca me espera sin amilanarse ante el alto torreón románico de la catedral, el gran rosetón gótico y la insulsa entrada renacentista. Está dispuesta a campear, a llevarme a donde yo quiera. ¡Vamos!

         A la altura del km 27 de la comarcal 110 veo a lo lejos, sobre el monte, algo que parece un pueblo abandonado abrigado por la vegetación. De éste punto sale un camino medio borrado por el tiempo y en muy mal estado. A Babieca no le importa tomarlo. 


         Después de unos tres kilómetros de bajadas y subidas, estamos en lo alto del monte. Veo una especie de pradera de hierba seca salpicada de arbustos y rodeada de raquíticas encinas. Subo con Babieca y la dejo descansar junto a unos arbustos que forman una pared vegetal.

          Desde aquí el paisaje es soberbio. Las tonalidades modulantes del atardecer le dan un aspecto mágico al entorno.

       Una vez dejado medio preparado el campamento, básicamente la esterilla y el saco de dormir sin abrir aún, me acerco a ver el pueblo. En cuatro pasos estoy en él. Sí, es un pueblo abandonado. Parece un escenario de película de misterio.

Parte del pueblo con lo que queda de la iglesia al fondo.

El pueblo en perspectiva. A la derecha se ve lo que parece la base de un torreón medieval.

Sobrecogedor.

            Casi ha oscurecido ya y decido volver con Babieca y terminar de organizarme el campamento para pasar la noche.

            Mientras abandono el pueblo que he estado recorriendo entre espinos y zarzales que crecen libremente por sus calles, me he estado imaginando la vida cotidiana de sus ya casi anónimos pobladores, me parecía oír cómo se saludaban al volver del tajo en una tarde cualquiera de verano como ésta. Habitantes que ya no están ni siquiera en éste mundo, gentes que vivieron, sintieron y pasaron por las calles de éste pueblo, que ni siquiera conserva un cartel con su nombre.

       De repente un ruido seco en las peñas de las afueras me saca de golpe de la fantasía y descubro un corzo atemorizado que huye de mi presencia. Es hora de preparar mi cama.


         Desde el lugar donde dormiré, puedo divisar el paisaje gracias a la luna, que me va a acompañar hasta bien entrada la madrugada.
Estoy cansado y a la vez emocionado de estar en éste lugar, a pesar de que irradia vibraciones de tristeza y abandono.

        Estamos solos Babieca y yo en muchos kilómetros a la redonda y para llegar hasta aquí hemos recorrido un tortuoso camino que acaba trepando por el monte. Termino de preparar las cosas a la luz de la luna, para acostarme en el suelo y me quedo dormido. Sólo un grupo de jabalíes que baja desde el bosquecillo de enfrente me despierta cuando la luna ya se ha ido. Les pego cuatro voces y se van. Brisa suave intermitente, mosquitos y alguna hormiga pasan por mi lado, pero la noche duerme serena sobre el pueblo abandonado...….


lunes, 24 de septiembre de 2018

Ah ! Vous dirai-je Maman



      ¡Juventud eterna!
      ¡Intrepidez!
      ¡Orgullo!
      ¡Valor!
      ¡Seguridad!
      ¡Arte!
      ¡Magia!

      ...¡Amistad eterna!...

      ¡Aliento!

                 
                                              


      ¡La Niña Estrella!, sacada del mismo cuento de Wilde.

      La princesa extraviada, venida a éste Mundo equivocado...…
…….¿O no?.....

              Una mirada que habla por sí sola dice muchas cosas.

                                               


    Dulzura, ingenuidad, acontecer, aprender, lucha, amor, fortaleza, dolor, tesón, carácter, sensible, grande, imborrable.....

         Yo sí sabía lo que tenía, lo que perdía y me sorprendió recuperarte: Alma.

                 Todo lo demás queda entre  nosotros en nuestras almas.

                 Ahora ya lo sé todo: el alma es inmortal;

                 y tú estás en la mía.